miércoles, febrero 10, 2010

Instantes de paz

Siempre busco un momento de paz al terminar el día. Es ese paréntesis después de ponerte el pijama y antes de que el primer rayo de sueño comience a hacer eco en ti. Son momentos de serenidad: has apagado el ordenador, has dejado el libro sobre la mesilla y te has tapado hasta la nariz. Miras al techo y haces una recopilación de todo lo que ha ocurrido durante el día, reflexionas sobre lo bueno y en lo malo que te ha pasado, piensas en las personas con las que te has cruzado, con las que has hablado, a las que has dedicado una sonrisa amable, descubres una frase al azar que te ha dicho alguien, observas algo que hayas aprendido, saboreas cada pensamiento, cada imagen... En ese momento, pequeño, pero grande a la vez, te has desprendido de todas las preocupaciones y te has sentido en paz. Decides guardarte lo bueno, intentar desechar lo malo.
Veo necesario dedicar a la reflexión esos minutos del día. A veces se descubren grandísimas lecciones de todo ello.
Pero mi último pensamiento antes de dormir será para quien será. Eso no puede cambiar. Porque tanto si el día ha sido bueno como si ha sido malo su imagen es capaz de traerme una enorme sonrisa, me hace recordar que los sueños, las ilusiones, los deseos y las esperanzas existen.

Instantes de paz... únicos momentos propiamente nuestros.

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