
Es importante creer en las personas. Aunque yo peco de desconfiada, necesito creer en ciertas personas que sé que no me defraudarán: creo en mi familia, creo en mi mejor amiga, creo en..., y creo en él. De hecho, creo en todo el mundo desde el principio, porque siempre hay que dar un prurito de confianza a todo el mundo, todo el mundo se merece una oportunidad aunque la primera impresión nos desagrade. En quienes no creo son en aquellas personas que me han decepcionado por el motivo que sea.
Pero tener fe en las personas esquiva la soledad que se nos echaría encima, porque al fin y al cabo necesitamos a esas personas.
Tener fe en él me brinda una alegría peculiar y diferente cada mañana. Aunque en él creo por un sinfín de motivos que no vienen al caso.
A pesar de todo, he dejado de creer en muchas cosas, pero siento la vital necesidad de creer en ciertas personas.
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