sábado, marzo 06, 2010

Meditación

Hoy es un día que voy a dedicar a la meditación, al espíritu que tantas veces quiere hablar y tan pocas veces nos paramos a escuchar. Es un esfuerzo terrible, pero necesario en estos momentos.
Hoy es un día de ésos en que piensas que ya nada será igual y, los cambios, si se producen, siempre deberían ser para mejorar...
A veces creo que me gustaría que todo me resbalara y me resultara indiferente, aunque sé que realmente no me gustaría eso. Querer a alguien es algo bello, y prefiero seguir queriendo a no sentir nada.
También me resulta extraño no salir por tozudez, porque mi corazón le sigue buscando. Y se lo va a encontrar en el momento más inesperado. Es inevitable evitar algo, porque basta que lo hagas para que salga al revés, y porque aquello es muy pequeño para no cruzarnos de vez en cuando.

En esta semana he sentido de todo: el lunes fue enfado, pero pasó; el martes estaba despechada, pero también pasó; el miércoles sentía como si el dolor fuera una rosa que se acabara de abrir para mostrarse al mundo; el jueves sentí el vacío más sobrecogedor que puede sentir un ser humano; el viernes comprendí que seguía queriéndole muchísimo y eso no se iba a acabar de un día a otro, y que además es posible que sea algo que dure eternamente; el sábado he sentido la tranquilidad de saber que él seguirá estando ahí y, sin embargo, necesito alejarme, aunque también necesito sus miradas, sus sonrisas, sus manos, sus caricias, su voz, su manera de pensar, su calma, su bondad, su... Me pregunto qué sentiré mañana.

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