
Mis ojos se han abierto a las 9.30h. por primera vez. Un domingo es, como poco, sorprendente despertarse a esa hora, aunque no tanto si el sábado vino acompañado por la calma. Varias veces he venido aquí a escribir, pero en ninguna de las ocasiones me sentía con ganas para decir nada. Así que he vuelto a arroparme con el edredón y he cerrado los ojos de nuevo para caer en una tranquila somnolencia, alejando cualquier imagen mental, buscando estar en blanco, no pensar en nada.
Las cosas que no se dicen mueren en los corazones.
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