
Basta que quiera levantarme una hora antes para que llegue el insomnio terrible que te mantiene en vela durante horas. Sin embargo, tengo que dormir, de la manera que sea.
Cuando cierro los ojos veo una imagen. A veces me pregunto qué pensará o qué estará haciendo. El lunes parece muy lejano, pero no han pasado ni cinco días. Se me han hecho larguísimos. Me obligo a no pensar en ello y, sin embargo, todos los días, a última hora, escribo desde el corazón. No aquí... Hay palabras que sólo nos las podemos decir a nosotros mismos. Y aunque aligera la carga un poco, nunca es suficiente. 24 horas después vuelvo a sentir esa energía que me lleva a escribir para el silencio.
Intentaré dormir.
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