
He oído que este fin de semana vuelve el frío. Sólo hay que mirar por la ventana el día que ha salido hoy. Me hubiera quedado una hora más en la cama.
No me permito pensar ni un minuto en ciertas cosas, pero a veces es inevitable. Lo que ocurre es que ahora siento un puño que me atenaza constantemente la boca del estómago. Siento como si hubiera envejecido años en las últimas horas. Me siento un poco como la letra de aquella vieja canción de Celtas Cortos: "A veces llega un momento en te haces viejo de repente, sin arrugas en la frente, pero con ganas de morir...". Me descubro con un rictus serio, como si me costara horrores sonreír, y cuando lo hago, para ocultar la mayor parte de las veces lo que me reconcome por dentro, sólo es una fachada y al levantar la primera capa me encuentro con una muñeca rota.
Es difícil mirar por la ventana cada mañana y pensar en que tienes que afrontar un nuevo día y concentrarte en aquello que no te lleve a la tristeza. Aunque la tristeza siga estando ahí...
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