sábado, marzo 06, 2010

El olor de la soledad

Llegar a SD en horas punta es toda una odisea. Esta mañana a las doce me he visto obligada a aparcar en una acera, aun a riesgo de multa (no sería la primera vez...). Cuando he llegado a las siete de la tarde, después de varias vueltas, he tenido que dejar el coche en la plaza de los Molinos. Allí sigue, aunque me hubiera dado tiempo a traerlo más cerca teniendo en cuenta que ahora ya habrá plazas libres.
Lo que ocurre es que hoy, al ser sábado, hay mucha gente en todos los sitios. Ir al coche no es tan terrible como en los solitarios días laborales entre semana.
Sólo veo individuos sin rostros ni identidad pasar junto a mí y me siento mucho más solitaria. Sigo buscando la soledad para encontrarme a mí misma, así que se supone que esta noche la dejaré pasar...
Ha habido un momento en que sí he buscado entre la gente. Al pasar junto a la puerta de un bar, una fragancia no desconocida ha llegado a mis fosas nasales, he cerrado los ojos para aspirar ese aroma y entonces mis ojos han mirado a través de las cristaleras del bar. He seguido caminando y mi mente ha viajado hasta aquella noche de verano en que percibí esa fragancia por primera vez... Una espina diminuta se ha hecho notar dentro de mí.

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