
He ido al coche y algún mamón ha dejado su coche casi a ras del mío, tanto que he tenido que entrar por la parte del copiloto. Entonces, en la sombra, he visto otro coche. En una posición indescriptible, mientras pasaba al volante, con el aire cálido que había en el coche después de varias horas al sol, he mirado hacia el otro lado de la calle. "Ahora sólo faltaría que viniera él y me viera de esta guisa".
Luego, ya sentada, se me ha ocurrido que podía pedirle ayuda. Yo sabía que mi coche salía perfectamente, también sé de quién era el coche que estaba a mi lado y estoy segurísima de que lo ha hecho concienzudamente, pero no lo suficiente como para fastidiar. Pero al ver el otro coche a la sombra sólo se me ha ocurrido pensar en pedirle ayuda para que me sacara el coche, asegurándole cierta torpeza al volante. Lo que ocurre es que al final he optado por marcharme: el coche ardía y quería salir cuanto antes de allí.
Creo que he sonreído al imaginarme pidiéndole ayuda. Es la segunda vez que voy a sacar el coche y me veo algo atrampada como para que se me pase por la cabeza ir a buscarle porque he comprobado que está a tan sólo unas cuantas manzanas.
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