
¿Quién no ha sentido que deja de respirar al encontrarse con unos ojos tan perfectos, con una mirada tan noble, que es posible que te quite la respiración?
¿Cómo dejar de soñar cuando me encuentro casi a diario con una sonrisa que me da media vida?
Estoy así, como a mitad de unos puntos suspensivos. Me dejo mecer, esperando verle más tarde o mañana, encontrarme con esa mirada y sentir una paz sin límites, recibir una sonrisa suya y devolverle otra cargada de cariño, escuchar su voz y sentir que estoy flotando, rozarle con la punta de los dedos y sentir un estremecimiento sin igual.
Y sigue sorprendiéndome cada día, porque consigue que cada día sea diferente del anterior, que cada día tenga más color que el anterior. Y por las noches las estrellas brillan con más fuerza.
Y sigo sorprendiéndome al sentir que cada día le quiero más. A veces creo que no puedo quererle más de lo que le quiero, pero sí es posible quererle aún mucho más.
Una sola persona hace que todo tenga sentido. Y solamente eso convierte a esa persona en única.
Sigo meciéndome en mis puntos suspensivos, sin atreverme a llegar al último, pero sin querer regresar al primero. Estoy en un estado de euforia total.
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