lunes, julio 19, 2010

Ventrilocuus, del latín, 'el que habla con el vientre'

Cuando era pequeña adoraba los muñecos de ventrílocuo. Supongo que manejar esos muñecos es como contar historias: depende de quien los maneje, porque todo lo que dicen los muñecos sale de la mente de quien mueve los hilos. Es igual que escribir una historia: depende de la persona que se ponga delante de una hoja en blanco y de lo que se haya propuesto contar. A veces, cuando te metes en el papel, salen cosas curiosas.
Cuando años después visité Budapest me traje dos títeres de hilos que hacen más la función de decoración que realmente de lo que son. No necesito cogerlos para representar un papel, sólo tengo que cerrar los ojos e imaginármelo o escribirlo. Podrían hablar de cualquier cosa, lo que realmente importa es que terminarán dándose un beso. Curiosamente el títere masculino tiene barba.
Sí, podría dar vida a esos muñecos. Podría inventar mil historias, pero estoy segura que el títere femenino me representaría, de un modo u otro, a mí, y el títere masculino, en mi imaginación, sería él. Y contaría mi historia, pero no una historia que se corresponde con la realidad, sino la historia que a mí me gustaría que fuera.
Ahora, al rememorar aquella infancia en que hacíamos marionetas en el taller de manualidades de la escuela, me veo en una mesa chiquita, de color verde, metiendo aquellas manitas en un calcetín decorado por mí y que, de repente, se ponía a hablar con una voz 'en falsete' inventada por mí.
Vuelvo a sentir esa energía que fluye de repente de mis dedos, cuando se alían la mente, con la creatividad y la imaginación a punto, y los dedos que desean contarlo. Vuelvo a poseer la vital necesidad de escribir. Y eso es algo que es innato, que viene y va, pero que necesito hacerlo a diario. Siento que algo se 'cuece' en mi interior y ese 'algo' necesita ser escrito, ser contado al mundo.

No hay comentarios: