miércoles, julio 28, 2010

Las horas soñadas

Hoy es uno de esos días en que todo lo que me he propuesto hacer para la tarde lo he terminado, así que puedo irme a tomar unas cervezas a una terraza tranquilamente, aunque debería ser con alguien con una mirada sublime. Sólo que él estará trabajando.
Como me caigo de sueño, porque ayer tenía insomnio, es probable que vaya a casa a tumbarme en la yerba del jardín mientras leo el libro del gato (Soy un gato, escogido de un blog amigo, libro que me llamó la atención). Quizás es porque estoy algo triste porque creo que Simoneta, la gata de mi hermano pequeño, ha fallecido, ya que hace más de una semana que no la hemos visto y no se oye su cascabel. Teniendo en cuenta que la última vez se dejaba mojar por el agua de los aspersores y que a los gatos no les gusta el agua... la probabilidad de su óbito es bastante alta.
De momento, voy a ir a tomar algo a la cafetería.

Sigo pensando que debería dejarme llevar por el corazón, ir a buscarle y quererle. Y cogernos de la mano y perdernos por los caminos del mundo, y mirarnos, acariciarnos, besarnos, conocernos un poco más... No sé. Cosas que se hacen habitualmente y que son tan simples que no les prestamos atención. Por ejemplo, puedo escuchar a muchísimas personas al día, pero no es lo mismo que escucharle a él. Sus palabras son música para mis oídos. Así la acción más simple se convierte en algo maravilloso cuando proviene de él.
El corazón me está dando la lata porque no le hago caso. Amo mucho, hoy siento que amo mucho.

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