
¿Quién no ha oído alguna vez eso de que “algunos nacen con estrella y otros, estrellados”?
Creo que no es exacto ese comentario, ya que la estrella la tenemos todos, sólo depende de cómo la alimentemos. Y depende de nosotros si tiene o no más brillo.
Yo no sabría decir cómo es mi estrella, porque eso deberían valorarlo las personas que me rodean. Ahora bien, si esa estrella está emparentada con la buena o mala fortuna, sí puedo decir que entonces tengo una estrella muy grande. Mi hermano lo expresa con otras palabras: “Tú tienes un pan bajo el brazo”, aunque debería concretar las situaciones en que lo dice y eso requiere dar información que no osaría comentar por este medio. Aunque también creo que la fortuna o la suerte depende de cada uno, que no llega a nuestra puerta por sí sola, sino que también es cada persona quien pone los medios para alcanzar esa fortuna.
Y volviendo a la estrella, aunque no sepamos cómo brilla la nuestra, es cierto que mientras mantengamos limpia el alma la estrella que llevamos dentro brillará con más o menos intensidad. Las preocupaciones, los enfados y cosas así opacan el brillo de nuestra estrella.
Conozco a alguien que tiene una estrella con un fulgor tan potente que extasía todos mis sentidos. Creo que él no lo sabe. Algún día debería decírselo. Y esa persona es adorable en todos los sentidos. El brillo de esa estrella me ha atrapado. Pero no me importa.
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