miércoles, julio 21, 2010

Encuentros al azar

Me gustaría poder desconectar cinco minutos a lo largo de la mañana para poder decir lo primero que se me ocurra, pero últimamente eso no es posible. Por lo general, tengo más trabajo del habitual. Y esta mañana me hubiera gustado escribir en tres ocasiones, que corresponden con las tres veces que le he visto. Es obvio que no he podido hacerlo.
Estaba guapo, porque el blanco le queda genial. Cuando caminaba por la calle a primera hora de la mañana he tenido una intuición y he mirado para atrás. Verle nada más empezar el día convierte este cielo gris en un día de color. Seguía caminando cuando he pensado en que podría esperar a que aparcara, pero he preferido seguir. Creo que le hubiera dicho que fuéramos a re-desayunar. Lo importante no era el café, sino estar con él, disfrutar de unos momentos con él, mirarle a los ojos y encontrar en ellos la máxima felicidad que te puede dar una persona y sonreír porque tienes delante a la persona que tanto quieres...
Después he visto el fax, que ya lo esperaba. Diez minutos después de haberle visto pasar con el coche he ido a su oficina. "Está hablando por teléfono". Sí, pero yo tenía que verle de cerca, saludarle con la mano, dejarme ver como una aparición fugaz, lo suficiente para que se me grabaran los detalles de su ropa, para corroborar que el blanco le sienta genial.
Y luego... eran las doce cuando mi compañera ha venido y me he ido al café. Me preguntaba si estaría hoy, aunque algo dentro de mí me decía que si no hubiera estado hubiera ido de todas formas. Se me iban los ojos en su dirección. Estaba tan guapo...
Cuando se han marchado, el del bar me ha dicho: "¡Qué majo es este chico...!". Ha dicho su nombre. Yo le he dado la razón. "¿No está casado, no?". "Que yo sepa, no". "Pues debe andar por los treinta y...". "Pues no tengo ni idea". Mi respuesta me resulta graciosa cuando sé perfectamente su edad, lo majo que es, lo encantador que es, lo dulce que es... pero disimulo muy bien dando a entender que no sé apenas nada de esa persona. Sé lo justo, pero no lo quiero compartir. Supongo que cuando queremos a alguien somos un poco egoístas. Lo que ocurre es que no me parece correcto hablar de él con nadie. Aunque sea en una conversación trivial como la de hoy.
Si para mí es como un ángel. Se nota que estoy contenta, yo creo que influye bastante el hecho de haberle visto tantas veces. Es como si cada vez renovara mi alegría. Lo que digo: un ángel.

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