sábado, julio 24, 2010

Con el perro en las piscinas

Eran las doce cuando he abierto los ojos esta mañana. He pensado en él y he recordado la noche de anoche. Lo guapo que estaba, el cariño que prodigan mis manos cuando, por ejemplo, le apartaba el pelo, el indicio de celillos cuando dijo un nombre femenino (espero que él no lo notara) y la tranquilidad al decirme quién era. Escuchar su voz, mirarle, redescubrir su sonrisa, rozarle el brazo con los dedos, quererle... Simplemente quererle.
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