He tenido que salir. Cuando antes lo hiciera, antes me quitaba esa labor de encima. Tenía que caminar hasta unos metros antes del puente, ese puente donde un día colocaré un candado de amor. Sí, lo colgaré algún día.
Y entonces ha pasado con el coche. Le hubiera reconocido desde mil kilómetros de distancia. Color salmón, color cálido: seguro que hoy está contento.
Entonces he sentido que el alma se me escapaba en pos de él, me he sentido desbordada de cariño. Y me he sentido feliz y en paz.
Es magia. Él lleva en las manos la varita mágica por la que convierte todo en algo perfecto.
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