
Llevaba tres horas levantada y tenía que hacer copias de llaves, es decir, ésa era la excusa perfecta para que me diera un poco el aire.
No tengo paciencia, así que estaba en la calle esperando a que me hicieran las copias. Mi falta de paciencia se ha visto recompensada con creces, ya que en ese momento ha pasado un ángel. Hoy va de oscuro (no voy a dar más detalles sobre los motivos de su camisa), pero guapísimo igualmente.
Verle a las diez de la mañana es comenzar el día con buen pie. Después he mirado al frente, porque sabía que le iba a ver. Al ver que él miraba en mi dirección, me he puesto a caminar. He notado que el rubor se alojaba en mis mejillas. Menos mal que él estaba lejos para verlo.
He regresado con una sonrisa de oreja a oreja. No es que no estuviera contenta esta mañana, pero verle a él hace que sonría aún mucho más.
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