
Hoy había muchísima gente en el bar. Demasiada. Había además alguien que brilla con luz propia. Me he leído una parte del reportaje de La Rioja que hablaba sobre Moscú. No podía mirar en su dirección, porque posiblemente me hubiera encontrado con esa mirada angelical.
Diez minutos antes. Estaba en la calle y ha pasado con el coche. No sé si me habrá visto. He mirado el reloj: hora del café.
He cogido el periódico y lo he hojeado (sí, pasaba hojas), entonces el reportaje de Moscú ha acaparado mi atención... hasta el momento en que ha venido él. Guapísimo. También me gusta cómo le queda el verde.
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