
Venía con el sol anaranjado de frente, reflejado en la carretera. Una mañana idílica si no fuera por el frío que hace. Si es que no parece julio. Y pensaba en él, en que no hace ni unas horas que le había visto y ya tengo ganas de volverle a ver. Seguro que duerme. ¡Lo que daría por abrazarle ahora!
En la cafetería me marchaba cuando ha aparecido D. Es su cumpleaños, me lo dijo ayer. Mi memoria no lo retiene. Le he felicitado y me he ido. Eso me recuerda a que el año pasado quería invitarme a comer un día porque era su cumpleaños y yo tenía un horario que nunca me permitiría quedar con él. Espero que este año no se le ocurra, pero si lo hiciera ya buscaría una excusa.
Quizás al final no llueva.
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