
Cuando he llegado a casa me esperaba una grata sorpresa: no sólo habían llegado mis padres, sino que también estaba MS, a la que hacía tiempo no veía, aunque hable a menudo con ella por teléfono. Nos ha estado contando 'batallitas', hasta que al final han decidido marcharse mi hermano y ella.
Después me he tumbado, pero no consigo dormir. Quizás influye el café que me he tomado hace un rato, o no sé. Y eso que me siento cansadísima, que necesito esa siesta reparadora (o imaginativa o lo que sea...).
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