viernes, julio 09, 2010

Lo que apetece en viernes por la noche

Estoy escribiendo sobre Tokio, y no me centro, porque estoy con la cabeza en otro sitio, pero también porque no he dormido lo suficiente como para recuperar. Y para colmo me llaman a eso de las nueve para decirme que quedamos mañana a las 19.30h. y que van conmigo a Haro. Irán, pero no creo que vuelvan después de la cena. También me han dicho que tengo que llevar pantalón vaquero oscuro. ¡Qué pocas ganas...!
Entonces, mientras escribía, me preguntaba: "¿Qué te apetece, qué te calmaría?". Él y sólo él. Aprovechando que es viernes, sólo he tenido que hacer una llamada para decir que nos vamos de fiesta. Porque siempre puede haber oportunidades de verle en fin de semana y, sí, quiero verle.
Viernes era el día en que se me quedó grabado su perfil bañado en plata por los rayos de la luna. Y viernes era el día en que le volví a ver después de muchos meses al volver de Bélgica. Y viernes era...
Le vea o no le vea, si me quedo en casa caeré dormida. Pero de repente tengo la necesidad de salir, de beber unas cervezas y de verle quizás.
Tokio que espere y todo lo demás que espere. Ahora tengo que prepararme para la noche, que la noche es joven.
Es que si quiero ver a esa especie de ángel el encuentro es nulo si me quedo durmiendo; si salgo de fiesta siempre hay posibilidades.

Bien, estoy cabreada por ciertas circunstancias, una es por el teléfono móvil y por las pocas horas de sueño. Hay algo más.

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