miércoles, julio 28, 2010

Estupor y temblores


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Es tan breve esta novelita que me ha llevado cuestión de horas, y tanto me ha enganchado que no podía dormir sin haberla terminado.
Creo que es autobiográfica, aunque la autora no lo diga en ningún sitio. Es significativo que la imagen de portada sea la propia autora y que la protagonista se llame Amélie, por no contar con otras similitudes entre esta novela y la vida real de la autora: nació en Japón, orígenes belgas, trabajó en Japón hasta su regreso a Europa y empezó a publicar libros. Es posible que ésta sea una de sus experiencias en el terreno laboral japonés.
A mí he ha hecho volar al recordarme la ciudad de Nara o la estación de Ueno en Tokio.

Desconozco si una occidental y, además, mujer puede ser denigrada de tal forma en una multinacional japonesa. Es obvio que los nipones tienen una mentalidad diferente a la nuestra, pero me parece exagerado, aunque posible. Es una novela cruel, que pone sobre la mesa unos valores de dos culturas completamente diferentes (oriental-occidental), así como me pone la piel de gallina que las mujeres japonesas sólo tengan un hueco en la sociedad (o en el terreno profesional) en aras de una belleza sublime. Este culto al físico existe en Japón, por lo que no me sorprenden lo que podríamos considerar (desde nuestro punto de vista occidental) tantas excentricidades.

Amélie se ha puesto a trabajar en una multinacional japonesa con sede en Tokio. Al principio no tiene muy claro cuál es su lugar en la empresa, así que hace cualquier actividad con tal de ser útil. Lo único que tiene claro es el cuadro jerárquico de la empresa, donde ella es la subordinada inferior, mientras su jefa directa es la señorita Mori, una japonesa bellísima a la que Amélie nunca se cansa de mirar. Pronto comprobará que su belleza va a la par que su crueldad.
La joven belga que comienza en un puesto de contabilidad, pasará muchos días llevando y trayendo cafés y tés a los superiores, haciendo fotocopias que uno de los jefes siempre le manda repetir, y la señorita Mori la enviará, por fin, a limpiar los retretes del piso 44º de la empresa. Así pasará Amélie los siete meses restantes hasta que termine su contrato. Amélie se ha dado cuenta de que lo que su jefa quiere es que dimita, lo que sería considerado un deshonor. Al no hacerlo, sabe que el deshonor es para la persona que tan cruelmente se ha comportado con ella.
Antes de marcharse, tiene que avisar a todos sus jefes del fin de su contrato y que no quiere renovar. Sólo el Dios de la empresa (el jefe jefazo) comprende que está dejando escapar un filón de oro; el resto suspiran con alegría.
Unos años después, Amélie ha publicado un libro en Europa. Es entonces cuando recibe una felicitación de la señorita Mori...

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