miércoles, septiembre 02, 2009

Y la calabaza volvió a su estado original

Cuando la carroza se convierte en calabaza es hora de meterse bajo las sábanas y esperar a que llegue el sueño que dará paso a un nuevo día. Últimamente sobrepaso con creces esa hora y a las siete de la mañana sigue sonando la alarma. Raudas pasan las semanas, que mañana ya es miércoles. Cuando me quiera dar cuenta estamos en Navidad.
A veces me da la sensación de que estoy moviéndome en un remolino incesante de horas, minutos y segundos que me convierten en una especie de autómata. Sólo a última hora del día puedo parar a disfrutar del momento, a pensar en conversaciones que he tenido en la jornada o en gente que haya conocido, a masticar la información que he ido absorbiendo a medida que iban pasando las horas o a pensar en el mañana. Y en ese instante te das cuenta que apenas has saboreado un solo minuto de ese día que ya ha pasado, que apenas has tenido tiempo a respirar.
Todo pasa tan rápido que, cuando te pones a reflexionar sobre la velocidad con que pasan los días, te tienes que ir a dormir. La calabaza vuelve a ser una simple calabaza.

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