jueves, septiembre 10, 2009

No se puede compartir todo...

La gente que me conoce sabe que escribo en un blog y me lo han pedido en innumerables ocasiones. Sin éxito.
Tengo mis razones para no ir repartiendo por ahí mis pensamientos. Una de ellas es que una cosa es la vida en la que te mueves y otra diferente es el mundo de internet. Yo aquí he escrito cosas que no me gustaría que se mezclaran con la realidad. Por ejemplo, que alguien que me conoce de toda la vida me llame "K" cuando estoy en el bar. Realmente me da igual, pero una cosa es ser "K" en un foro y otra muy diferente es estar con tus amigos que saben tu nombre real. Un pseudónimo en internet sirve, entre otras muchas cosas, para ocultar tu identidad y entrar a formar parte del anonimato. Es un ejemplo: a veces no se distinguen los límites entre un mundo y el otro y a mí no me gusta mezclar ambos mundos.
Otro motivo por el que no doy el blog a gente que me conoce de toda la vida es porque siento a mi alrededor una estrechez de miras. Es decir, durante muchos años me he educado en una ciudad completamente liberal, donde nada resultaba extraño; todo, incluso las locuras más excéntricas, se consideraban normales. Era otro mundo, otro ambiente, otra gente. Cuando llegué allí yo era muy ingenua, pero tu mente también, por contagio, termina liberándose de prejuicios y trabas. ¿Qué ocurría? Que muy pronto comprendí que, al regresar con la gente de siempre, había muchos tabúes de los que yo jamás podría hablar, más que con gente que, como yo, había volado del nido demasiado pronto y había estado en contacto con otro estilo de vida y con otro tipo de gente. Y es respetable que, a tu alrededor, encuentres muchas mentes cuadriculadas, pero es triste también que a veces tengas que guardarte tantas cosas porque te van a mirar de manera extraña. No critico a mi gente por la estrechez de mente, ya que no es culpa suya; sólo que yo tengo que resignarme en numerosas ocasiones.
Tampoco cuento cosas descabelladas, así que el siguiente motivo sería que si diera mi blog a gente que me conoce desde siempre igual terminaban sabiendo más de mí que yo misma. Y ni siquiera voy a la iglesia a confesarme: no quiero que el cura sepa más de mí que yo. De hecho, sólo a una persona que he conocido hace poco le di mi blog. No sé qué me movió a dárselo; imagino que me inspiró confianza desde el principio (y por otras razones que no vienen al caso), y que no está dentro de ninguno de los motivos anteriores, aunque lo cierto es que creo que no se pasa por aquí. Y eso que, cuando pienso que entraba (hace como un mes), a mí me gustaba que lo hiciera.
Supongo que el hecho de que entre alguien que te conoce te lleva a mirar con lupa todo lo que escribes y esto equivale a escribir atada de manos, a no tener libertad a la hora de plasmar ideas.
Creo que tengo más razones que ahora no recuerdo.
Como no me gusta que me lo pidan no suelo hablar del tema, pero siempre hay alguien que pone el asunto sobre la mesa y me lo pide por enésima vez.
A veces, cuanta menos gente sepa... mejor.

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