martes, septiembre 29, 2009

Hace una semana a estas horas...

No quiero pensar en lo que hacía hace una semana en un momento como éste, pero seguro era que no estaba frente a un pc. A las 18.15h. de la tarde del martes pasado pisábamos tierras belgas y después de dejar las cosas nos fuimos a buscar un lugar donde cenar. A mí al principio, esos locales de dos pisos pintados de verde en el exterior y con mucho alboroto dentro y mesas donde cenar fuera... me recordaron a viejas tabernas irlandesas.

No quiero pensar ni revivir cualquier momento de la semana pasada porque siento como si un garrote helado me subiera por el pecho. Ya lo reviviré a medida que vaya contando cosas, y hay mucho. Tendré que ser rápida porque si no se me olvidarán muchas cosas.

Tampoco tengo tanta melancolía. Fue y ya está. Lo cierto es que hay momentos actuales que no tienen nada que envidiar. Por ejemplo, ahora me he asomado a la ventana y he visto un coche como el suyo aparcado enfrente. No era, pero he esperado a ver quién salía de la Administración de Loterías. Y esa espera, pensando que había posibilidades de verle -aunque fuera de lejos-, esa poca certeza de quién aparecería al otro lado de la puerta... me ha dejado K.O. Al final no era, pero podía haber sido. Las mariposas en el estómago han aleteado hasta que alguien se ha llevado el coche. Y eso... eso no me lo quita nadie. Son momentos mágicos. Y sigo tan pillada como antes de que me fuera, aunque él siga ausente. En cualquier instante tendré que permitir que salgan todos los recuerdos de él. No se puede estar así.

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