
Desde que he terminado de cenar me he sorprendido a mí misma escribiendo y sin despegarme de esto, con el resultado de escribir varias entradas seguidas, casi sin pausa. Supongo que todo se debe a ideas que me he ido guardando a lo largo del día, en que no he tenido mucho tiempo para pasarme por aquí, para terminar plasmándolas por escrito ahora. Era terminar una entrada para aparecer algo nuevo y sentirme obligada a escribirlo.
Al final, como me ocurre en un sinfín de ocasiones, al ver lo anterior, me sigue sorprendiendo la cantidad de cosas que han fluído por mis manos, sin tener en cuenta el tiempo ni la amplitud. Ahora, cuando veo que es más de medianoche y que noto que me cuesta mantener abiertos los ojos, comprendo que debería aprovechar estos momentos de creatividad. Que no es inspiración, que la inspiración nunca viene sola, que hay que ir a buscarla.
Sigo prefiriendo robar unos minutos al trabajo y escribir de manera más espaciada, que no guardarme todo y sacarlo en plan collage por la noche, sobre todo porque seguro que me olvido de algo.
Yo seguiría, pero me cuesta mantenerme despierta. Necesito leer un rato antes de dormir, aunque me quede dormida sobre las páginas de un libro y con la luz encendida.
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