A menudo y de noche, me asomo a la ventana de mi cuarto para dejarme llevar por el silencio que acompaña a la oscuridad. Tras la seguridad de tu casa te impregnas de esa serenidad bajo un cielo estrellado, vigilando si acaso algún vehículo solitario que pasa o los gatos de la vecina como sombras patrullando en cada esquina.
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