miércoles, septiembre 16, 2009

Historias al volante

Reconozco que me encanta conducir, que lo disfruto. Libero estrés al volante, sobre todo cuando viene algún vacilón novato, como me ha ocurrido antes. Que iba a casa al mediodía y, nada más pasar el puente, se ha puesto a adelantarme un muchacho que no tenía ni un año de carnet. Sólo he pensado: "Vas bueno tú". Al menos yo respetaba la velocidad de 80km/h (siempre no, claro, es sencillo pasarse o llegar a los 100). Pero el muchacho quería adelantarme a 140km/h. Es que no me extraña que luego pasen cosas. Y he hecho algo que no debería haber hecho, porque era faltar el respeto al coche, lo he puesto a 200km/h. en un santiamén, por lo que el otro ha tenido que recular, seguro que pensando 'educadamente' en mí. Obviamente estaba con el coche de mi padre, que no corre sino vuela. Con el mío no hubiera podido (I think so).
A la segunda le he dejado pasar, le he visto tan ansioso por adelantarme... Pero sólo porque yo no quería correr tanto. Que me parece una locura, aunque considero que ese jovenzuelo no debería tener el carnet ni un volante en las manos. Irresponsabilidad, se llama.

Esta tarde he estado en Castañares. ¡Maldito pueblo con la carretera en medio! Siempre pasaba de largo, excepto en fiestas, pero entrar en una de las callejuelas que dan a la carretera y tener visibilidad cero a la hora de salir... Además llovía. Cuando llueve no disfruto de la conducción. Menos mal que al llegar a Santo Domingo ha dejado de llover y hacía sol. Se hace extraño que hace tan sólo un mes estuviéramos disfrutando de la piscina, en tirantes y disfrutando del verano y ahora haga tanto frío. Lo que es cierto es que también deseaba que llegara septiembre por el viaje, aunque tampoco he pensado mucho en ello: si lo piensas se te hace eterna esa espera.

Castañares

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