miércoles, septiembre 16, 2009

El monje que vendió su Ferrari


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"Estás sentado en mitad de un espléndido y exuberante jardín. Este jardín está lleno de las flores más espectaculares que has visto nunca. El entorno es extraordinariamente tranquilo y callado. Saborea los sensuales placeres de este jardín y piensa que tienes todo el tiempo del mundo para disfrutar de ese oasis. Al mirar alrededor ves que en mitad del jardín mágico hay un imponente faro rojo de seis pisos de alto. De repente, el silencio del jardín se ve interrumpido por un chirrido fuerte cuando la puerta del faro se abre. Aparece entonces un luchador de sumo japonés -mide casi tres metros y pesa cuatrocientos kilos-, que avanza indiferente hacia el centro del jardín. El luchador de sumo está desnudo. En realidad, no del todo. Un cable de alambre color de rosa cubre sus partes pudendas.
Cuando el luchador de sumo empieza a moverse por el jardín, encuentra un reluciente cronógrafo de oro que alguien olvidó muchos años atrás. Resbala y al momento cae con un golpe sordo. El luchador de sumo queda inconsciente en el suelo, inmóvil. Cuando ya parece que ha exhalado su último aliento el luchador despierta, quién sabe si movido por la fragancia de unas rosas amarillas que florecen cerca de allí. Con nuevas energías, el luchador se pone rápidamente en pie y mira intuitivamente hacia su izquierda. Lo que ve le sorprende mucho. A través de las matas que hay al borde mismo del jardín observa un largo y serpenteante camino cubierto por millones de hermosos diamantes. Algo parece impulsar al luchador a tomar esa senda y, dicho sea en su honor, así lo hace. Ese camino le lleva por la senda de la alegría perdurable y la felicidad eterna".

Un libro interesante en el sentido del mensaje que quiere dar, aunque pesado en ciertos aspectos. Pero sigo rechazando los libros de autoayuda. En ciertos momentos me he parado a pensar en algunas grandes verdades que dice, pero no hay mucho más. No dice nada nuevo en el sentido de que muchas cosas ya las sabemos, aunque no nos paremos a pensar en ellas. Lo original está en que aquí te sienta a reflexionar sobre estos asuntos. Ni que fuera tan fácil dejar una vida de estrés, el trabajo y todo lo que nos rodea; nadie vive del aire.

Julian Mantle es un célebre y prestigioso abogado al que le da un infarto en medio de un juicio. Consigue salvar la vida y decide dejar todo y desaparecer del mundo creado por él. Se va de viaje, un viaje que durará varios años. Vende su casa, sus posesiones materiales e incluso el coche de sus sueños, el Ferrari del que nunca se había separado.
Al visitar la India para adquirir nuevas sabidurías, convertido casi en un eremita, escucha hablar de un grupo de hombres que viven en un lugar escondido en la cordillera del Himalaya, los Sabios de Sivana, pero nadie que ha ido a buscarles ha conseguido encontrarles. Julian decide, en soledad, escalar las montañas en busca de las enseñanzas que los Sabios puedan ofrecerle. Después de muchos días sin éxito, finalmente encuentra a un hombre que le lleva hasta la aldea. Allí aprende a ser feliz, a vivir una vida plena, a enriquecer su vida emocionalmente, desechando lo material. Y le enseñan las siete virtudes imperecederas a través de una fábula.

El jardín se refiere al dominio de la mente, pues ésta es un jardín que hay que regar a diario, no permitiendo entrar a los pensamientos tóxicos, negativos, perjudiciales.
El faro indica que en la vida hay que perseguir un propósito: "el propósito de la vida es una vida con propósito". Se trata de descubrir y saber lo que uno quiere obtener de la vida emocional, material, física y espiritualmente.
El luchador de sumo se refiere al enriquecimiento continuo de nuestra vida, a lo que en la filosofía oriental se conoce como la práctica del kaizen, que significa 'mejora constante'.
El cable de alambre viene a decir que hay que vivir con disciplina para forjar una vida más plena, feliz y esclarecida. El cable ayuda a tener la voluntad para realizar algo.
El cronógrafo de oro significa que debemos respetar el propio tiempo, porque es una mercancía muy preciada, que se nos escurre de las manos como granitos de arena, y ya no vuelve. No hay una segunda oportunidad para vivir lo vivido.
Las rosas amarillas son el símbolo de que en esta vida no estamos para servirnos a nosotros mismos, sino para servir a los demás. Las cosas nunca vienen solas. Al margen de todo lo material que se obtenga en la vida, la calidad de esta vida se reduce a la calidad de lo que se ha aportado.
El sendero de los diamantes significa que hay que abrazar el presente, disfrutando de la simplicidad de todo lo que nos rodea. Pues todos estamos aquí por una razón especial. "Deja de ser un prisionero de tu pasado; conviértete en arquitecto de tu futuro".

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