miércoles, septiembre 09, 2009

Un pequeño cabreo matutino

No soporto la prepotencia ni la soberbia de ciertas personas que se creen imprescindibles en ciertos asuntos, sin darse cuenta que nadie en este mundo es imprescindible. Por eso, prescindir de su presencia lo encuentran como una afrenta personal y fuera de los límites de lo legal.
Hoy he perdido la compostura con un tipo de éstos; además me ha pillado en un lugar público, donde me han visto enfurecerme a pasos agigantados (¡menos mal que había poca gente!). Me ha sonado el móvil y he respondido a todo un personaje con quien me he envarado; sabiéndome con la razón y defendiendo mis intereses le he dicho cuatro cosas bien dichas.
Siento extrañeza porque suelo estar de buen humor incluso en los peores momentos, que el estado de ánimo me lo suelo guardar para mí. Aun así, se me notaba enfadada, pero en ningún momento he alzado la voz. Me da la sensación de que si hubiera estado en la oficina no hubiera guardado las formas tanto.
Por lo general, es casi imposible sacarme de mis casillas, pero siempre hay alguien... Parece que todo se ha ido atenuando a medida que pasaban las horas.

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