jueves, septiembre 17, 2009

Pequeños placeres de la vida

Siempre me ha gustado leer en la cama, sobre todo si hace frío. Más por la noche. Estos dos meses casi perdí la rutina de leer un rato antes de dormir, pero la he vuelto a recuperar. A más frío más predispuesta estoy a meterme bajo el edredón con un libro en las manos. Con la gelidez que hay en mi habitación, me imagino lo placentero que sería estar así. Sin más. Sólo tengo que imaginármelo para hacerlo.
También disfruto de los días festivos, esos en que la noche anterior has venido pronto a casa, en que te despiertas pronto y no te apetece dejar el calor de la cama. También entonces cojo el libro de la mesilla. A veces incluso lucho contra el frío y me acerco a la ventana para levantar la persiana y que entre la luz blanca del invierno.
Me resulta placentero leer en la cama. Más por las noches porque puedo estar horas, siempre que no me entre el sueño. Por la mañana siempre tienes que levantarte por alguna obligación.
Eso haré.

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