
El inicio de la semana es como un huracán que parece que nunca termina de pasar. Entre la pos-resaca, las heridas de los pies, un ligero cansancio a nivel general y un bajón moral incipiente (dicen que el alcohol es un depresivo potente) se pasan lentamente las horas. Si bien otros días puedo aguantar aquí hasta la hora de cenar hoy me iré en cuanto den las siete en el reloj. Sólo veo por tumbarme y leer un rato o ver una película. Supongo que podría hacer cualquier cosa con la finalidad de desviar la mente en una dirección determinada para no pensar en nada.
Hace unos meses estaba muy tranquila.
Me encuentro saturada y espesa. Es hora de marchar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario