
Para mí fue un "shock" escuchar y ver en las noticias cómo se había derrumbado el Archivo Histórico de Colonia. Conocí la ciudad en mi primer viaje a Alemania y, después de haber visitado varias de las urbes más importantes, incluida la paradisíaca región de la Selva Negra y haber llegado al confín más meridional del país al alcanzar las frías aguas del lago de Constanza, una de las ciudades que me parecieron más exquisitas en todos los aspectos fue Colonia. De allí me traje magníficos recuerdos, sensaciones únicas. Era de una riqueza económica exuberante (hablamos de la Renania) que se puede comprobar a pie de calle (incomparable con Berlín o Hamburgo). Llena de turistas, bohemios, estudiantes y ejecutivos, todos se reúnen al atardecer en la orilla del Rin.
Pese a sus dimensiones, es muy difícil perderse en esta ciudad, pues vayas donde vayas siempre te encontrarás con las torres de la catedral. El Kölner Dom no me llamó tanto la atención cuando estudiaba Historia del Arte, pero cuando lo tuve delante... fue otra historia.
El tren cruza el Rin a través de un puente de hierro y entonces el viaje termina. El interior de la estación está oscuro. Tiene forma de rectángulo, en cuyos extremos penetra la luz del día a través de inmensas puertas acristaladas. Te diriges hacia la más cercana, sales a la calle y paras en la acera. Tienes una sensación extraña, como si hubiera algo próximo en lo que aún no has reparado, y entonces alzas la cabeza y sigues levantando los ojos hasta encontrar el final de ese magnífico templo gótico que termina surcando el cielo. He visto muchas catedrales góticas, pero la de Colonia supera a todas en altura. Sentí escalofríos ante tal magnificencia, me quedé extasiada contemplando aquel monumento exquisito y seguro que me quedé con la boca abierta. Así de impresionante es, sí...
Tal impresión pudo verse influida además porque yo no esperaba encontrarme la catedral delante de mí nada más salir de la estación, porque me esperaba algo menos magnífico... Además la piedra es oscura, como si se echara un poco en falta la restauración. Aunque estaban restaurando una de las torres.
Ese centro histórico de Colonia está interconectado con los museos romano y arqueológico, la estación y la catedral, por túneles de hormigón que, aunque parezca extraño, no dan pie a la claustrofobia. Tienen numerosas aberturas por donde entra luz y en vez de encontrarte los típicos graffittis, lo que encuentras a lo largo de susodichos túneles son expositores con obras de arte de la época romana.
Hay dos momentos que recuerdo de Colonia muy nítidamente. Uno fue cuando subí los doscientos y pico escalones que te llevaban hasta la otra torre, que te ofrecía unas vistas espléndidas de la ciudad, aunque la vista no la abarcaba por completo. Porque yo me encontraba en la parte histórica, pero al otro lado se extendía la ciudad en complejos residenciales y chimeneas de fábricas que se perdían en el horizonte. Colonia además tiene su propia cerveza, la Kolsch, que puedes encontrar en cualquier cervecería alemana, pero sólo se produce en Colonia.
El otro momento fue el crucero por el Rin al atardecer. Dejar la catedral entre los últimos rayos de claridad y encontrártela después de una hora iluminada en verdes y azules como una estrella en medio de la noche.
No tengo palabras. Hay muchos otros momentos, como encontrarte con los teatrillos ambulantes en medio de las plazuelas o el paseo junto al Rin. Y, por cierto, en todos los establecimientos se vendía colonia de Colonia (4711, la verdadera colonia, la original). Recuerdo que abandoné la ciudad con lágrimas en los ojos y con un pensamiento firme: "Volveré".
2 comentarios:
No conozco la ciudad, pero si que estuve en la Selva Negra alemana y me traje una gratísima impresión de la forma de vida por esos parajes tan extraordinarios. En la parte arquitectónica me entusiasmaron las cristaleras de catedrales e iglesias, los barrios antiguos de las ciudades y el culto a las plantas que hay por todas partes: Seelbach, Lah, Freeburgo, Estrasburgo son algunas de las ciudades que recuerdo de mi estancia.
Besos
Sí, al año siguiente de estar en Colonia visité la Selva Negra. Estuve en unas cuantas ciudades, entre las que caben destacar la bohemia Freiburg y la idílica Baden-Baden (llena de balnearios; la primera vez que entré en uno).
Estrasburgo está en Francia. No me hubiera importado visitarla, pero quería limitarme a Alemania. Hice un trayecto en círculo por toda la Selva Negra. Desde Stuttgart al norte y fuera de la misma, hasta Konstanz en el sur, que también queda fuera de la región de la Selva Negra.
Es un lugar paradisíaco, ciertamente.
Publicar un comentario