Al mediodía tenía el paquete envuelto en el bolso, lo he sacado y he comprobado que la bolsa de papel empezaba a romperse por los bordes. En mi mente pensaba que si no le veía pronto también terminaría dejándolo en casa.
Entonces... eran las cuatro cuando volvía a la oficina. Le he visto venir desde lejos, le he visto aparcar y mis pasos me han dirigido hacia él.
Pero me he quedado parada. Ése no era quien yo creía. O al menos no me parecía en principio que fuera él. Estaba diferente. La última vez que le vi estaba diferente, hoy estaba cambiado. Él me miraba y yo seguía sin reconocerle. La verdad es que ya le había reconocido, pero le veía cambiadísimo. Ahora tiene un aire más juvenil. Está guapo, por supuesto. Él siempre está guapo, haga lo que haga, aunque a mí personalmente me gustaba más como antes, quizás porque nunca le había visto de otra forma.
Llevaba muchos días sin verle. Adoro su dulzura, su voz, su mirada y ahora... su pelo. Él tenía prisa, pero no podía irme sin entregarle el paquete que tenía envuelto en un papel que empieza a romperse por los lados.
Recuerdo haberle dicho varias veces que está guapo. Porque lo está, sin duda alguna.
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