viernes, diciembre 16, 2011

Atrapando las estrellas en una noche de verano

Él llegó con las Perseidas en una noche estrellada del mes de julio. Una noche, hace dos años, él apareció y ya no hubo pasado ni futuro, no hubo otros ojos ni otra voz, no había nadie más que él, el momento presente, la atracción y sus susurros a la luz de la luna. Algo cambió esa noche y ya se sabe que cuando se hacen cambios siempre deben hacerse a mejor. Esa noche, llegó con las Perseidas y aquí, en lo más profundo de mi alma, se quedó, dejó su huella angelical e imborrable. Esa noche empecé a quererle y cada día siento que le quiero un poco más.
Las Perseidas son mágicas. Sólo llegan en los meses de verano. Como llegó él, en una noche estival, mágica, perfecta, una noche en que el firmamento estrellado nos abrazaba con sus enormes brazos brillantes. Creo que esa noche me enamoré sin saberlo y sólo lo acepté cuando una noche miraba de nuevo al cielo, asomada a la ventana, y con las estrellas ante mis ojos me llegó su imagen sensual, perfecta, adorable. Entonces me di cuenta de que estaba enamorada hasta el tuétano. Me lo susurraron las Perseidas. Aquella lejana noche me parecía algo impensable, pero a veces no somos conscientes de cómo una persona nos toca tan sutilmente el alma como para quererle sin más, sin explicaciones, sin preguntas.
Toman el nombre de Perseo, el héroe mitológico que consiguió decapitar a Medusa con una hoz de acero y un brillante escudo que le habían regalado Hermes y Atenea. La lluvia de estrellas que cada año se puede ver en los meses de julio y agosto se localiza en la constelación de Perseo. Desde la Edad Media también se les conoce como las ‘lagrimas de San Lorenzo’, porque los astrónomos medievales relacionaron la profusión de estrellas aparecidas cada verano con las lágrimas que debió derramar San Lorenzo cuando el diez de agosto del siglo III era quemado en una parrilla por rebelarse contra los romanos.
Las Perseidas aparecen en el cielo desde mediados de julio hasta finales del mes de agosto.
En realidad, le conocí un once de julio, pero ya estaban presentes las Perseidas en el firmamento estrellado y en el ambiente mágico de esa noche. Y aunque no hubieran empezado a llover en el cielo pensaré que así fue. Porque magia hubo ya desde aquel primer momento en que descubrí un brillo tan especial en sus ojos. Que su mirada es mágica.
Tienen tanto poder que es importante no olvidar pronunciar un deseo si vemos una Perseida en el cielo de los meses de verano. Nunca se sabe si algún día el cielo nos concederá nuestros deseos.

Él llegó una noche fugaz, con las Perseidas. Y entonces todo se hizo magia. 

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