Él llegó con las Perseidas en una noche estrellada del mes
de julio. Una noche, hace dos años, él apareció y ya no hubo pasado ni futuro,
no hubo otros ojos ni otra voz, no había nadie más que él, el momento presente,
la atracción y sus susurros a la luz de la luna. Algo cambió esa noche y ya se
sabe que cuando se hacen cambios siempre deben hacerse a mejor. Esa noche,
llegó con las Perseidas y aquí, en lo más profundo de mi alma, se quedó, dejó
su huella angelical e imborrable. Esa noche empecé a quererle y cada día siento
que le quiero un poco más.
Las Perseidas son mágicas. Sólo llegan en los meses de
verano. Como llegó él, en una noche estival, mágica, perfecta, una noche en que
el firmamento estrellado nos abrazaba con sus enormes brazos brillantes. Creo que
esa noche me enamoré sin saberlo y sólo lo acepté cuando una noche miraba de
nuevo al cielo, asomada a la ventana, y con las estrellas ante mis ojos me
llegó su imagen sensual, perfecta, adorable. Entonces me di cuenta de que
estaba enamorada hasta el tuétano. Me lo susurraron las Perseidas. Aquella
lejana noche me parecía algo impensable, pero a veces no somos conscientes de
cómo una persona nos toca tan sutilmente el alma como para quererle sin más,
sin explicaciones, sin preguntas.
Toman el nombre de Perseo, el héroe mitológico que consiguió
decapitar a Medusa con una hoz de acero y un brillante escudo que le habían
regalado Hermes y Atenea. La lluvia de estrellas que cada año se puede ver en
los meses de julio y agosto se localiza en la constelación de Perseo. Desde la
Edad Media también se les conoce como las ‘lagrimas de San Lorenzo’, porque los
astrónomos medievales relacionaron la profusión de estrellas aparecidas cada
verano con las lágrimas que debió derramar San Lorenzo cuando el diez de agosto
del siglo III era quemado en una parrilla por rebelarse contra los romanos.
Las Perseidas aparecen en el cielo desde mediados de julio
hasta finales del mes de agosto.
En realidad, le conocí un once de julio, pero ya estaban
presentes las Perseidas en el firmamento estrellado y en el ambiente mágico de esa
noche. Y aunque no hubieran empezado a llover en el cielo pensaré que así fue. Porque
magia hubo ya desde aquel primer momento en que descubrí un brillo tan especial
en sus ojos. Que su mirada es mágica.
Tienen tanto poder que es importante no olvidar pronunciar
un deseo si vemos una Perseida en el cielo de los meses de verano. Nunca se
sabe si algún día el cielo nos concederá nuestros deseos.
Él llegó una noche fugaz, con las Perseidas. Y entonces todo
se hizo magia.
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