No había mucha gente esta mañana al mediodía, pero ha sido un rato agradable. La gente se reserva para la noche, cosa normal, dadas las circunstancias.
Tengo ganas de que pase esta noche, que no me gusta nada. Es posible que no salgamos hoy más que al bar de mi pueblo, ya que se respeta la familiaridad de la Nochebuena. Creo recordar que nunca he salido de fiesta en Nochebuena.
Supongo que esta noche quedaremos sobre las ocho de la tarde a tomar algo antes de cenar. Teniendo en cuenta que son dos horas de bar en bar, no me quiero imaginar cómo llegará la cena. Menos mal que he puesto el nombre en todos los regalos, porque si no, no recordaría qué es lo que tengo que dar a cada uno.
A veces, cuando lo pienso, sé que sólo tendría que hacer una llamada a eso de las ocho, coger el coche y marchar a otro sitio a tomar algo antes de cenar. Sé que no lo voy a hacer. El corazón me dice que sí, claro, el corazón siempre le busca. En este caso, ya he tomado una decisión y es irrevocable.
Mi hermano y mi cuñada darán la gran noticia esta noche. Ya lo han comentado en casa.
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