miércoles, diciembre 14, 2011

El jardín olvidado

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Hay libros que son, sencillamente, especiales, que te enganchan desde la primera hasta la última página y que te mantienen con la intriga durante todo el tiempo. Llegas a casa y no puedes estar un minuto con el libro sobre la mesilla sin cogerlo para descubrir cómo sigue esa historia que te tiene tan enganchada.
Hacía tiempo que un libro no me resultaba tan íntegramente adictivo. Me latía el corazón a mil por hora en las últimas cincuenta páginas, me mordía las uñas sabiendo que el sublime desenlace final estaba cerca, sabía que en cualquier momento iba a desentrañarse el misterio que me había mantenido centrada durante tantos cientos de páginas.
Y… finalmente he llegado al final. Me ha dado pena terminarlo. Es un libro recomendable, uno de esos libros que recuerda un poco a las novelas de Jane Austen, que tiene un aire lejano a las Cumbres Borrascosas de Emily Brönte, que nos lleva a pensar en el misterio que crea King en sus novelas de terror, aun careciendo del ambiente terrorífico que éste crea en sus libros. Tiene una mezcla de misterio, de intriga, de novela negra, una pizca de romanticismo… que Kate Morton ha sabido entretejer con maestría creando una novela magnífica.

La novela se recrea en torno a varios momentos temporales y en dos lugares separados a miles de kilómetros. Por una parte, se encuentra el pequeño pueblo de Tregenna, en Cornualles, en cuyas inmediaciones se ubica la mansión Blackhurst, el centro de toda la novela; por otro lado, está la ciudad australiana de Brisbane. Las dos poblaciones están unidas por un hilo familiar invisible, que sólo se ve en los momentos finales. Dentro de estos espacios y momentos temporales, llaman la atención varios miembros de una misma familia que ni siquiera saben que tienen un vínculo de parentesco.

La figura central es, sin duda alguna, Eliza Makepeace: la Reina de las Hadas, sus larguísimos cabellos rojos, su dulzura… la que termina siendo una víctima de las circunstancias, entregada a un amor sin fronteras por todas las personas que le rodean. En Tregennna todos los habitantes la recuerdan con cariño, como un alma libre, diferente a todos los de la mansión Blackhurst. Con una capacidad innata para contar historias de hadas, ella misma plasma en papel muchas de sus vivencias de la vida real, enmascaradas con símbolos fáciles de interpretar.
La novela comienza, sin embargo, con otra persona. Una persona que nos lleva a una tristeza insólita, puesto que fallece desconociendo sus verdaderos orígenes y dejando ese legado a su nieta, que será la que, finalmente, encuentre las últimas piezas del puzzle familiar.
En 1913 una niña que aún no ha cumplido los cuatro años es abandonada en un barco que cruzará el mundo en dirección a Australia. Ella ha recibido órdenes de una extraña mujer, a la que conoce como la Autora, de que se mantenga escondida.
Cuando cumple 21 años y comprometida con un hombre magnífico, Nell O’Connor es informada por el que había sido su padre hasta entonces de su verdadero origen: es una niña adoptada, que Hugh encontró con una pequeña maleta blanca, solitaria en una playa y decidió que no podía abandonarla a su suerte. La pequeña Nell crece en la ignorancia de saber quién es. A partir de entonces se crea una fisura familiar, sus hermanastras no sabrán, hasta bien entrados los años, que su hermana mayor había sido recogida de una playa.
Es el año 2005 cuando Nell agoniza en una cama de hospital. Empieza a divagar y su nieta Cassandra se encuentra allí para escuchar frases inconexas sobre un barco y sobre la Autora. Cuando su abuela fallece, Cassandra recibe en herencia todas las posesiones de su abuela, y una de esas propiedades es realmente extraña: una casita junto al mar en Cornualles. A ella le extraña, porque creía que su abuela nunca había estado en Inglaterra, pero entonces descubre la maleta con las anotaciones de Nell, que visitó Cornualles en 1975 y pretendía mudarse a aquella casita, cuando su hija apareció en su casa, abandonando a Cassandra con su abuela.
Cassandra sabe que tiene que ir a Inglaterra a conocer sus verdaderos orígenes, que tiene que terminar la investigación que comenzó su abuela y que Nell no pudo terminar. Allí visitará la casita, que tiene intención de vender después de acondicionarla. Le ayudará el joven Christian Blake, que se terminará enamorando de ella. Los dos han tenido un pasado horrible: Christian perdió a su madre siendo un crío, por lo que estudió para ser oncólogo, pero vio tanto dolor y sufrimiento en los hospitales que comprendió que no estaba hecho para esa profesión, por lo que decidió ayudar a su hermano en sus trabajos de jardinería, lo que hizo que regresara a Tregenna y coincidiera con Cassandra; ella había perdido a su marido e hijo en un accidente de coche y no se había recuperado. Christian será un bálsamo para ella.
La pequeña Eliza Makepeace vivía con su hermano mellizo en una mísera casa con los Swindell. Al morir su madre, Georgiana Mountrachet, ésta había hecho prometer a sus arrendadores que no enviaran a sus mellizos a un orfanato. Los dos niños conseguían dinero, como bien podían, para entregárselo íntegro a la señora Swindell, una mujer codiciosa que no tenía reparos en ponerles la mano encima y dejarles muchas noches sin cenar, amén de la amenaza recurrente de enviarles a un orfanato. Cuando Sammy fallece, Eliza se queda sola y tiene que conseguir dinero por dos. Como quiera que no lo consigue, a punto de ir al orfanato, aparece un hombre tétrico allí que la llevará con su verdadera familia: los Mountrachet de Cornualles.
Linus Mountrachet era el hermano de Georgiana. Estaba casado con la malvada Adeline y tenían una enfermiza hija, Rose. Las dos primas se convierten en inseparables: Rose adora las fantasiosas historias de hadas que le cuenta Eliza. Adeline no soporta la presencia de la rebelde sobrina.
Todo cambia cuando los años pasan y Rose se promete con un ilustrador y retratista, Nathaniel Walker. Pero Rose no puede tener hijos por más que lo intenta. Eliza ha sentido en su interior la envidia por la vida de su prima, por lo que se ha trasladado a la casita del acantilado, a la que se llega a través de un laberinto en el jardín. Allí escribe historias. Pero entonces se le propone que haga algo por su prima: durante una semana Nathaniel la visitará para yacer con ella y que Eliza tenga el retoño que su prima Rose no puede traer al mundo. Eliza, que sería capaz de darlo todo por su prima, accede. Nathaniel y Eliza se terminan enamorando. Son dos personas que se complementan a la perfección, sobre todo desde el momento en que Nathaniel comienza a ilustrar los cuentos de Eliza. Pero se tienen que dejar de ver. Eliza dará a luz en secreto a una niña que le arrebatarán: Ivory Mountrachet. No puede soportar la pérdida, vive con el alma en vilo, con la prohibición de acercarse a la mansión. Entonces se entera de que Nathaniel y Rose han fallecido en un accidente de tren. Ella, que está a punto de abandonar Inglaterra rumbo a Australia, se lleva a la pequeña Ivory y la deja en el barco, le pide que se esconda hasta que regrese. Pero Eliza no regresará, en casa de los Swindell le espera un detective enviado por Adeline Mountrachet, que se la lleva de vuelta a Cornualles, mientras el barco zarpa rumbo a ultramar. Cuando despierta en el carruaje, intenta escapar, lo que provoca su muerte.
Eliza Makepeace es enterrada en el jardín secreto junto a la casa del acantilado, sin ninguna señal de la existencia de una tumba en aquel lugar. Mientras Cassandra y Christian están trabajando en el jardín encuentran la última pieza para completar el rompecabezas familiar. En entonces cuando Cassandra decide no vender la casa y aplazar su viaje; todo lo que desea está en aquel rincón del mundo: el amor que siente por Christian, los restos de su bisabuela, la casita llena de recuerdos, sus orígenes. Ella ha vuelto a sus orígenes y ha vuelto para quedarse.
Qué magnífica historia.

Y, por fin, el encantamiento de la malvada Reina fue roto, y la joven mujer, a quien las circunstancias y la crueldad habían atrapado en el cuerpo de un ave, fue liberada de su jaula. La puerta de la jaula se abrió y el cuclillo cayó, cayó, cayó, hasta que por fin abrió sus alas atrofiadas, y descubrió que podía volar. Con la fresca brisa del mar de su comarca sosteniendo el dorso de sus alas, se elevó sobre el borde del acantilado y sobre el océano. Hacia una nueva tierra de esperanza, libertad y vida. Hacia su otra mitad. Su hogar”. (El vuelo del cuclillo, Eliza Makepeace)

1 comentario:

Carol dijo...

Territorio prohibido. Me guardo la reseña para cuando lo acabe yo (y aún tardaré un poquito).

Por cierto, estos días de puente de la semana pasada estuve ociosa (mi novio se puso malo y tuvimos que anular planes y quedarnos en casa), así que me puse a trastear con el blog de viajes y decidí que estaría bien hacerle un huequecito y retomarlo. Estuve modificando algunas cosas, lo he reabierto y voy a seguir con las crónicas, así que te aviso porque hace unos meses me preguntaste por él. He cambiado la url: http://caroldepaseoporelmundo.blogspot.com/

¡Un beso!