Vuelvo a escuchar el viento fuera, no tan fuerte como se escuchaba hace unas noches. Siento frío al escuchar ese silbido. Me recuerda a la fuerza del viernes.
No había mucha gente esta noche, ni siquiera estaba ese ángel de mirada perfecta, tampoco he visto su coche desde la rotonda, como otros sábados. Quizás estuviera, pero no nos hemos cruzado.
Había mucha gente de cenas de empresa.
Lo que recuerdo es el frío que se adentraba por los huesos cuando íbamos de un bar a otro. Ha sido una noche diferente.
Ahora me gustaría abrazarle y dejar que amanezca el domingo cuando quiera.
Había una luna perfecta. Estaba menguando, pero la claridad del cielo era insólita. Miraba la luna a unos pocos metros de casa y le preguntaba: "¿En qué extraño rincón del planeta estás esta noche?".
Me hubiera gustado verle.
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