viernes, diciembre 09, 2011

Se han pasado las horas


Canillas de Río Tuerto

A veces, cuando esperamos que algo va a resultar negro, negro, negro... termina siendo de todos los colores menos negro, o al menos no tan negro como lo esperábamos, e incluso lo contrario. Lo mismo ocurre en el sentido contrario, por ejemplo, cuando nos ponen una película o un libro por las nubes, que te lo ponen tan bien que te termina decepcionando. Algo así me pasaba a mí ayer, por lo que esta noche no he dormido bien, aunque he dormido abrazando imaginariamente el recuerdo de unos ojos perfectos que en ese momento me reconfortaron, el recuerdo de una voz sensual que en ese momento me tranquilizó. Y recuerdo que mi último pensamiento fue: "Lo que tenga que ser será". 
Ayer pasé muy mal día por una llamada laboral y bien sé lo que me ha costado esta mañana cada paso en dirección a la oficina.
Esto me hace pensar en que a veces nos llevamos malos tragos y que no merece la pena derrochar esos minutos con nervios o como si se tratara de una losa muy pesada, porque al final nos ponemos una enorme cruz a la espalda y, finalmente, resulta que no era para tanto.

Después de ese momento, la mañana ha transcurrido como la seda. A las dos nos íbamos a Canillas de Río Tuerto, donde la comida se ha alargado hasta las siete de la tarde. La Cueva del Chato es un restaurante donde se come estupendamente y es un lugar donde invitaría a un ángel de mirada perfecta. Anochecía en los alrededores y las horas pasaban sin darnos cuenta.

A las siete he aparcado en una acera, porque no había otro sitio mejor, y he ido al supermercado. En mi trayecto hacia allí, he pasado junto a su coche. Me apetecía dibujarle algo en la luna, pero andaba con prisas esta tarde. Lo que es cierto es que he sacado el móvil para enviarle un mensaje que nunca le ha llegado, porque al final lo he terminado borrando. Al ver su coche y sentir su proximidad, me apetecía tomar algo con él, pero he terminado desechando la idea. Además, con lo mal que he dormido esta noche, necesitaba llegar a casa y quitarme las botas. Relajarme y disfrutar de estos momentos de soledad... y ya llegará mañana.
Porque es bastante improbable que salga hoy.

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