Son muchas las actividades que me relajan, como cuando me sumerjo en la lectura. Son menos las actividades que me relajan y que me llevan a divagar mentalmente, como cuando me pongo a planchar.
Esta tarde he estado planchando un rato, el suficiente para que mis pensamientos fueran a él, a su imagen de ayer, a su mirada perfecta. He evocado sus palabras. He recordado que le dije que mañana fuéramos a tomar café, aunque ahora no sé si mañana le daré un toque o no. He anhelado ese rostro angelical. He pensado en todo lo que haría por él (y con él).
Nos separan unas horas y ya empiezo a echarle de menos.
Nos separan unas horas y ya empiezo a echarle de menos.
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