Es tal atracción la que él produce en mí que me resulta extraño haberme marchado. La verdad es que había salido con la voluntad de venir pronto y hace falta mucha fuerza de voluntad para que no me quede en su compañía. Pero también lo había pensado: hoy no puedo quedarme con él, hoy tengo que tener esa fuerza de voluntad que desaparece cuando él aparece.
Estaba guapísimo, tan dulce, tan adorable. Cuando ha salido el tema del reloj biológico, he preferido no seguir con ese tema. Porque sé que si le hubiera mirado a él en ese momento él podría haber visto mucho más allá. Y entonces me hubiera ruborizado.
No podía quedarme allí, aunque una vocecita de dentro me decía que me fuera con ellos. Sólo he necesitado una señal de él para recuperar la fuerza de voluntad: "No, no puedo quedarme todos los días con vosotros". Aunque mis pies se hayan marchado con él, y no sólo mis pies, también mi corazón, una parte de mí.
Estaba en el coche ya, a paso de tortuga tras los locales, cuando les he visto de nuevo. Nos hemos saludado y en el camino pensaba en que cuando llegara a casa le iba a mandar un mensaje para decirle que ya había llegado a casa.
Debería ir a soñar con él... Estaba guapo, y encantador, como siempre. Y una sonrisa se ha instalado en mi rostro desde que me he cruzado con él. Será la magia...

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