Las campanadas de las doce acaban de repiquetear en el aire de la noche. La primera vez que he quedado eran las once. La segunda vez he dicho que ya saldré, que aún me iba a llevar un rato. Entonces pensaba en escribir el libro que he terminado de leer. No tengo tiempo material en estos momentos para comentarlo, así que lo dejaré para mañana.
Y es que si salgo una hora más tarde ha sido porque me he quedado leyendo.
Pero ya es hora de marchar. Tengo ganas de verle. Seguro que está guapísimo. Me pregunto si saldrá esta noche.
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