Gracias a él, a ese ángel de rostro perfecto, he aprendido a
sentir nuevas emociones que nunca había sentido. Día tras día, semana tras
semana, año tras año, te encuentras amado de una manera única, comprendes que
las emociones del día a día se convierten en algo superior, sublime e
indescriptible, eso que los expertos llaman amor. Emociones que congelan el
tiempo, intensas en el momento que las sientes e imperecederas. Cada día esas
emociones son mejores que el día anterior y en los días que hay tal emoción la
echas de menos. Aunque en realidad no son las emociones lo que echo de menos,
sino que le echo de menos a él. El mismo ángel que provoca en mí tan profundas
emociones, el mismo que trae la magia, el mismo cuya mirada no es una mirada
sin más.
Un día te encuentras amando, deseando, anhelando y echándole
de menos. Me pregunto dónde estará, con quién estará, qué andará haciendo...
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