Hay infinidad de cosas que me relajan. He vuelto a escribir, es por eso que ahora escribo menos en el blog. Escribir me relaja, escribir hace que salgan de mi imaginación islotes de ideas que sólo cuando se plasman sobre el papel se conectan entre sí. Leo lo que escribo y soy consciente de lo importante que es el estado de ánimo, por eso tengo que volver sobre ello cuando hayan pasado unas semanas. En mis palabras, entre líneas y no de forma directa, siempre hay amor. Es sencillo describir algo que conecte directamente con él: una canción que sonaba en cierto bar una noche que estaba él, la imagen de una ciudad en el lugar donde nos conocimos, su coche una mañana lluviosa de sábado, el tacto de sus dedos suaves... Es una lista sin fin la que contiene innumerables imágenes que me llevan a pensar en él.
Ahora recuerdo su sonrisa mágica. Adoro verle sonreír, adoro ver sus ojos brillantes, adoro sus palabras cargadas siempre de una sabiduría innata...
Y cuando pienso en él siempre me pongo a escribir. Es como si él, hace quince días, me hubiera dado un empujoncito. Lo que ocurre es que soy inconstante, pero reconozco que cuando me pongo a escribir pierdo por completo la noción del tiempo y, un rato después, vuelvo a caer en el mundo real y me siento extraña en él. Ahora tengo esa fuerza para no abandonar, sólo tengo que cerrar los ojos y pensar en él. Aunque de esta manera me arriesgo a caer en esa ensoñación que produce el amor: de repente me encuentro sonriendo y recordando alguna cosa que me haya dicho y me haya dejado pensativa.
Estoy pasando de mi hora. Mañana he puesto la alarma del móvil a las 8.10h., así que a partir de ahora entro en las siete horas de sueño, restando a ese tiempo los veinte minutos que estaré leyendo.
El amor tiene algo de sueño, y de ensueño. Tiene algo de magia. Tiene algo de perfección palpable. Hace que todo el mundo sea bueno y todo lo que nos rodea sea maravilloso.
Me pregunto si le veré mañana. Espero que sí. Deseo que sí. Ahora, en este preciso instante, iré a abrazarle en sueños.
Me pregunto si le veré mañana. Espero que sí. Deseo que sí. Ahora, en este preciso instante, iré a abrazarle en sueños.
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