martes, diciembre 06, 2011

Los retales que regresan de la noche

La primera vez que ha sonado el móvil eran las ocho de la mañana: ayer se me olvidó quitar la alarma. Me he dado media vuelta para seguir durmiendo cuando una imagen de anoche se ha abierto paso en mi mente: el divino recuerdo de anoche, sus ojos perfectos, su rostro angelical. Me marchaba a casa a eso de las dos y media cuando me sentí apresada por su hechizo. En momentos así comprendo por qué le quiero tanto.
Daban ganas de abrazarle, de regalarle un sinfín de caricias, de robarle un millón de besos.

Es hora de que vaya a por el pan.

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