Esta tarde he vuelto a ver su coche aparcado donde ayer. Inevitablemente mis ojos se han escapado en la dirección que sabía que estaba. La confirmación de lo obvio: luces entre las copas de los árboles.
Llevo demasiado tiempo sin verle, ya he perdido la cuenta. Echo de menos su mirada perfecta, angelical. Echo de menos la magia que se crea cuando él está tan cerca.
Debe ser cosa del fin de año: demasiado ajetreo.
Acabo de caer en que mañana por la tarde tengo libre. Espero que no se me olvide lavar el coche al mediodía.
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