
Cuando te encuentras con un título de estas características
es sencillo imaginar el tema que tocará el libro. Aunque al principio no lo
tenía muy claro, el tema de la pederastia está implícito en todas y cada una de
sus páginas, aunque sólo se resuelve de una manera clara en los últimos
capítulos. Lo cierto es que pone la piel de gallina.
Empecé a leerlo porque me apetecía leer novela negra. Al principio, no hay una relación clara entre la primera página del libro, donde se describe el accidente mortal de una niña de doce años, Iris Alonso, que ha aparecido muerta en una piscina rodeada de muñecas rotas, y ese otro supuesto suicidio, varios años después, de Marc Castells, que se ha caído desde la ventana del ático de su casa. La relación entre los dos accidentes es que Marc Castells tenía seis años cuando descubrió el cuerpo sin vida de Iris cuando estaba disfrutando de un campamento de verano en los Pirineos.
El inspector Héctor Salgado y la agente Leire Castro son
asignados para cerrar el caso de Marc, donde todos dan por supuesto que ha sido
un suicidio. Pero Leire descubre en unas fotos que Marc no tenía la misma
camiseta durante la cena que cuando lo habían encontrado sin vida. Marc
Castells era un adolescente de Barcelona, que había crecido en una familia
acomodada. Su madre, Joana Vidal, le había abandonado cuando aún era muy joven.
Su padre, Enric Castells, se había casado con Glòria y habían adoptado a una
niña chinita, Natàlia, a la que tanto padre como hijo ignoraban. La noche del
accidente, Marc estaba solo en casa y había decidido hacer una fiesta con sus
amigos de la infancia, Gina Martí y Aleix Rovira. En cierto momento de la noche
se había producido una discusión entre los dos jóvenes, mientras Gina se
marchaba a la cama de Marc a dormir la mona, para despertarse al día siguiente
descubriendo que su gran amigo se había suicidado.
Marc está dispuesto a descubrir todo respecto a la muerte de
Iris Alonso cuando él era un niño, para lo que había confiado en sus dos
amigos. Había estado estudiando en Dublín, donde había entrado en contacto con
Inés Alonso, la hermana pequeña de Iris, y se habían propuesto descubrirlo
todo. Para ello, Marc vuelve a Barcelona donde ha decidido tender una trampa a
su tío, el sacerdote Félix Castells, que también se encontraba en el campamento
el verano en que Iris apareció sin vida en la piscina. Pero una persona está
dispuesta a obstaculizar su plan: Aleix Rovira, que es un joven muy inteligente
y sabe que está implicado su hermano mayor, Eduard, dedicado a labores
humanitarias y monitor hace unos años en los campamentos de los Pirineos donde
iba Marc. Han decidido hacer fotos a la hermanastra de Marc e introducirlas en
el ordenador del sacerdote, para que éste confiese el nombre del monitor al que
había protegido durante todos esos años. Inés aparece en Barcelona y lee unos
escritos que encontró en un osito de peluche de su hermana el verano en que
esta murió. Fue un accidente, pero describe claramente que uno de los monitores
abusó de ella y que, el último verano, ese monitor se había fijado en su
hermana pequeña. Iris tenía que evitarlo.
Leire Castro descubre que la persona que asesinó a Marc fue
su madrastra Glòria, al descubrir el USB con las fotos de Natàlia, y por temor
a que la hicieran daño había empujado a Marc por la ventana. Como también
consideraba que Gina era mala, había simulado su suicidio.
Es un magnífico libro, que además se lee rápidamente.
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