martes, diciembre 20, 2011

Ambiente navideño



Me falta un regalo, así que iré a comprarlo esta tarde. A las seis.

Una de las cosas que me gusta de la Navidad es ese bullicio que se concentra en fechas previas a Nochebuena en los centros de las grandes ciudades, donde las luces titilan en la oscuridad y los villancicos suenan a lo lejos. No me gusta el aire tan comercial que se les da a estas fechas, pero adoro el ajetreo de gente que hay entre las calles llenas de comercios.
Hace unos años estuve en esta época unos días en Madrid y me gustó ese ambiente. La gente iba de un lado a otro portando grandes pilas de paquetes de colores vistosos, todos los sitios estaban llenos de gente a rebosar, te apetecía un chocolate caliente y al ver a la docena de individuos que había delante de ti, pensabas que a demasiada gente le apetecía lo mismo que a ti en el mismo momento. Debe ser cosa del frío.
Adoro cómo huelen las castañas asadas. En estas calles siempre suele haber puestos de castañeras que en unos pocos minutos ya te han hecho un cucurucho de papel de periódico mientras te miran por el rabillo del ojo y te dicen: "Cuidado, no te quemes". Aunque a mí no me gusten las castañas, me gusta cómo huelen las calles donde hay una castañera.
Salamanca también era una ciudad que tenía mucho ajetreo en esta época. Las calles comerciales, aledañas a la Plaza Mayor, siempre estaban llenas de un sinfín de gente comprando regalos. Lo cierto es que es el verdadero ambiente navideño, muy parecido a como aparece en las películas. Posiblemente salgas con intención de que ese mundo que corre, que busca el último regalo, te contagie esa alegría que en Navidad yo aún no encuentro por ningún sitio. La Navidad siempre nos recuerda a las personas que ya no están. Por mucho que lo intentara, siempre termino haciendo hueco a los recuerdos de esos seres queridos que un día ocupaban su lugar en la mesa y ya no están. Ése es el verdadero motivo por el que la Navidad me parece una fecha verdaderamente triste.
Pero hay momentos que me agradan. Y ese rato que pasas por las calles llenas de gentes, de música, de luces, de regalos me parece muy hollywoodiense. Me lleva a soñar. Soñar, sobre todo en momentos como la Navidad, es gratis. Si hay un momento que me gustaría compartir con un ángel es ése. Me gustaría decirle: "Venga, vamos a comprar los regalos de Navidad", no por el hecho de ir a comprar los regalos, sino por empaparnos de ese ambiente navideño. Con él.

Entre minuto y minuto, interrupciones, teléfono y conversación, he llegado al final de la jornada laboral. Creo que en algún momento he escrito que me iba a las seis de la tarde. Como siempre, nunca cumplo con los horarios, pero es cierto que ya me voy, que aún me queda un regalo.

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