A veces me gustaría ser más intrépida para llamarle y susurrarle que deje lo que está haciendo para hacer otras cosas que no haríamos habitualmente, para dejar de lado las responsabilidades y caminar por las calles sólo por el hecho de caminar, de la mano, robándonos miradas, sonrisas y besos.
Le llamaría para decirle que no me vale un ‘no’ por respuesta, que por una vez olvide todo lo demás y hagamos lo que nos apetezca hacer, pensando únicamente en eso, apartando el trabajo, a la gente, las horas, el mundo.
Sería demasiado perfecto. Todo es perfecto cuando está él. Él siempre trae esa magia especial. Él siempre tiene los ojos brillantes y llenos de cosas magníficas, de grandes cosas.
Ha llegado un momento en que una llamada me hace brincar, me alborota tanto el corazón y me produce una incertidumbre tal que termino por no hacerla, aunque mi alma grite durante horas. Al final opto por la comodidad de dejar las cosas tal cual, dejando que sean el azar y el universo ordenado los que guíen mis pasos.
Pero tengo tantas ganas de besarle, de escucharle, de mirarle… que hoy abrazaré muy fuerte a la almohada mientras imagino el ritmo acompasado de su respiración mientras duerme.
Es un buen momento para ir a soñar...
Es un buen momento para ir a soñar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario