jueves, diciembre 15, 2011

Cruzando el umbral de los sueños

Es suficiente un parpadeo minúsculo y obligarme durante unos segundos a mantener los ojos cerrados para que su imagen perfecta llegue desde los rincones más insólitos de la memoria.
A veces me imagino escuchando el viento entre los árboles junto a él. De repente ya no es el viento entre los árboles, sino el susurro y el aroma de un oleaje cercano, siento el cosquilleo del salitre en la nariz y la suavidad de sus dedos enlazados entre los míos. De repente ya no es el mar sino su respiración acompasada, el deseo de darle un beso, el anhelo de su mirada angelical, el apetito de sus caricias…
No hay momento feliz que no me lleve a pensar en él. No existe instante imaginado relajante que no me transporte al recuerdo de su magia. Últimamente apenas coincidimos, aunque en cualquier momento podemos encontrarnos por la calle. A veces nuestros pasos se cruzan inesperadamente y entonces regresa la magia que llega siempre con él, entonces todo lo que me rodea es algo más perfecto, entonces el día es de un azul muy nítido.
Siento el amor como si algo invisible y reconfortante me rodeara en este preciso instante. Me gusta esa sensación.
Son infinitas las palabras que le susurraría en este preciso momento. A veces me gustaría ser capaz de decirle que es adorable, de describirle todo lo que me da en tan sólo un minuto…
Me encuentro en ese momento en que estoy más cerca de los sueños que del suelo, así que debería dar rienda suelta a todos esos sueños en que aparece él. A imaginar cómo será sentir sus brazos rodeando mi cuerpo y el estremecimiento que eso conlleva. A imaginar sus besos, a imaginar sus palabras en medio de la oscuridad, a imaginar su respiración acompasada mientras duerme, a imaginar su dulce mirada al aclarar el día, a imaginar tantas situaciones diferentes y… sensuales.

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