lunes, mayo 01, 2006

París: "Le Marais" y el Barrio Latino

Vete haciendo la maleta que nos vamos a París. Te lo enseñaré desde las imágenes que captó el objetivo de mi cámara, desde mis recuerdos y por mis experiencias en la ciudad de la luz. Reviviré mi viaje, pero esta vez te lo contaré a ti. Porque algún día irás y te acordarás de estas palabras.

Enclavados uno enfrente del otro, Le Marais y el Barrio Latino están separados por el Sena.


De un lado, los edificios bohemios del Barrio Latino, donde pasear por sus calles constituye una eclosión de colores inigualable para la vista.
El Barrio Latino (Quartier Latin) toma su nombre del latín, lengua académica durante la Edad Media.
El vivo contraste entre unas y otras casas es digno de admiración para el ojo humano.
Es como pasear dentro de un cuento. La magia que desprenden los toldos de las tiendecitas y las innumerables pescaderías, convierten la visita en una delicia.

Para todo aquél que quiera revivir la vida bohemia parisina este quartier se convierte en paseo imprescindible.
Allí se encuentra una de las casas más estrechas del mundo. Desgraciadamente, cuando yo estuve allí estaba en obras y sólo se ven andamios en la fachada. Es una pena, porque hubiera merecido la pena contemplar una fachada tan estrecha.
Este barrio es importante por las hordas de estudiantes que se desplazan hacia la universidad más famosa de París, La Sorbonne.
Ubicada en la parte alta del barrio, sobre la montaña de Santa Genoveva, La Sorbonne se fundó en 1257 por Robert de Sorbón, con la intención de facilitar la enseñanza de la teología a alumnos pobres. Varios siglos después se convirtió en un lugar privilegiado para debates de teología y jugó un papel importante en las querellas religiosas del país, sobre todo contra los jesuitas y los janseistas.



Mención especial tiene una de las librerías más famosas de la ciudad, donde se pueden encontrar verdaderas joyas culturales.







Enclavado cerca de la universidad de La Sorbonne, nos encontramos con El Panteón. Se empezó a construir en el año 1764 y tardó 26 años en terminarse. Se considera uno de los primeros edificios neoclásicos de Francia. Inicialmente estaba previsto que fuera una iglesia dedicada a la patrona de la ciudad, Santa Genoveva. Sin embargo la Revolución Francesa hizo que sirviera de templo para albergar los cuerpos de los hombres ilustres de la patria, tal y como reza su frontispicio:

"Aux grands hommes la patrie reconnaissante".



En el interior del Panteón hay un silencio sepulcral. Allí descansan los restos de Napoleón Bonaparte, en una urna monumental, de mármol rojo.

Por último, para los amantes de las religiones, en este barrio también sería recomendable visitar el museo de Cluny.

De un lado del Sena cruzamos hacia la otra orilla y nos encontramos con Le Marais, una de las zonas con más historia de París.

Uno de los rincones más acogedores de esta zona es La Place des Vosgues.

Ya a lo lejos sus tejados de terraza negra comienzan a distinguirse del resto de edificios. Sus fachadas policromadas en rojo te atraen como un imán.
Debo decir que se trata de uno de los rincones más tranquilos y acogedores de la capital parisina, donde la paz de mil siglos de historia se te enzarza en la piel, de tal manera que te quedarías contemplando esa belleza durante el resto del día, olvidándote de todo lo demás.



En el centro de La Place des Vosgues, se yergue imponente una figura ecuestre.




Luis XIII, "el Justo", hijo de Enrique IV y de María de Médicis, vivió su infancia sin un padre que le guiara por las sendas del poder, regentado éste por su madre.

Cuando llegó al trono, se rodeó de administradores astutos, como el Cardenal Richelieu, quien le recomendó apoyar indirectamente a los Habsburgo en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), lo que desembocaría en el enfrentamiento con España, enfrentamiento por el cual el país galo conseguiría importantes ganancias económicas.

Tras la muerte de Richelieu, el rey no tardó en seguirle los pasos, no sin antes administrar un nuevo ministro, Mazarino, y dejando el trono a su hijo y heredero, Luis XIV.

Dejamos atrás La Place des Vosges y nos adentramos en calles decoradas con edificios de gran valor histórico.

Está en Le Marais uno de los museos de uno de mis pintores favoritos: Pablo Ruiz Picasso. Así que mientras observaba piedras y piedras de historia y edificios emblemáticos, llegué por fin al Musée Picasso.

El museo está instalado en un edificio que fue construido entre 1656 y 1659 por Pierre Aubert, lord de Fontenay.

Consta de varios centenares de cuadros del artista, así como obras escultóricas y piezas de cerámica.

Mirando en Wikipedia, que es donde me estoy documentando acerca de hechos históricos y fechas, pues París es así: cada piedra tiene su leyenda, cada rincón clama a la historia pasada, cada edificio recuerda otros siglos... pues mirando wikipedia acabo de enterarme del nombre completo de Picasso, y como me ha hecho gracia lo plasmo aquí por los siglos de los siglos:

"Pablo Diego José Santiago Francisco de Paula Juan Nepomuceno Crispín Crispiniano de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz Picasso".

Estoy segura de que sus padres se tomaron su tiempo y empezaron a recopilar los nombres de todos sus ancestros para poner un nombre al que sería un prodigio del arte. He visitado el Museu Picasso de Barcelona, voy de vez en cuando a ver el Guernica al Reina Sofía de Madrid, he visto pinturas suyas en Alemania y en Praga... y en París recorrí este museo. Aquí abundan los cuadros de su última etapa, la que le daría fama, aquella visión nueva del arte que creo el genio: el Cubismo. No voy a poner ninguna foto de ningún cuadro, pero sí de esculturas... Y cosa extraña, que me sorprendió, es que en todos y cada uno de los museos que visité en París, y que fueron unos cuantos, se podían hacer fotos.


Una de esas esculturas es la famosa "Cabra" que yo estudié en Historia del Arte años ha. Picasso era un amante de los animales, muchos de los cuales fueron representados en su obra. La cabra amada de Picasso dormía en una valija de paja, fuera del cuarto del artista. En el museo Picasso de París se conserva eterna para siempre.

La otra escultura se trata de un carrito de niño en bronce, que llama la atención por sus formas estrambóticas. Las líneas de la madre y del carro son demasiado estrechas para asemejarse a la realidad.

De todos es sabido que Picasso en sus esculturas utilizaba todo tipo de materiales, que por ejemplo fue capaz de crear una cabeza de toro con un manillar de bicicleta. ¡Qué gran maestro!

Seguro que me dejo muchísimas cosas de estos dos barrios tan extravagantes y tan diferentes a la vez. Aunque creo que he plasmado aquí lo más importante de los dos. Quizás me he excedido con la explicación final sobre la obra de Picasso, pero es que me sigue pareciendo estar vivo cada vez que contemplo algo de lo que hizo en vida. Era tan enigmático que siempre me sorprenderá.

Otro día más. Au revoir!!

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